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martes, 15 de diciembre de 2015

En estas fechas mis mejores deseos, Feliz Navidad y un 2016 llenos de pasión e ilusión por hacer un mundo mejor.



Estamos en fechas próximas a la Navidad, para los que somos cristianos es una fecha importante, pero más allá del formalismo de buena voluntad que tienen estas fechas y que en unos días nos volveremos a olvidar de ellas, me gustaría compartir un texto que desde que lo oí por primera vez siempre lo tengo presente en estas fechas.

Con mis mejores deseos, Feliz Navidad y un 2016 llenos de pasión e ilusión por hacer de este mundo un lugar mejor.


Cuando observo muchas calles con sus comercios cerrados, cuando veo a las personas con una mirada apagada y triste en estas fechas, me pregunto
¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil, cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero y del campesino carente de recursos para defender sus derechos, me pregunto
¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando contemplo en hospitales y asilos, a esta anciana olvidada; cuando su mirada es nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, me pregunto
¿Dónde estarán las manos de Dios?


Cuando veo al enfermo en su agonía lleno de dolor; cuando observo a su pareja y a sus hijos deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, me pregunto
¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando en las noticias vuelven a publicar que unos padres se han deshecho de otro bebé recién nacido en un cubo de basura, me pregunto
¡Dios! ¿Dónde estarán Tus manos?


O cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino me pregunto
Señor, qué me pasa que no veo tus manos.

Y me enfrento a El y le pregunto: ¿Dónde están tus manos Señor? para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados.

Después de un largo silencio escuche su voz que me reclamó, "no te das cuenta que tú eres mis manos, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas".

Y comprendí que las manos de Dios somos "tu y yo", los que tenemos voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se reten a si mismos para ser las manos de Dios.

Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar, te pido perdón por el amor que me distes y que no he sabido compartir, las debo de usar para amar y conquistar la grandeza de la Creación.

El mundo necesita esas manos, llenas de ideales y estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día, a forjar una nueva civilización, que busquen valores superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan al final llegar vacías, porque entregaron todo el amor, para lo que fueron creadas y Dios seguramente dirá: ¡Esas son mis manos !